| Cambio de dirección | |||
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Supongamos que los gobiernos de Cuba y Venezuela no nos están mintiendo. Imagínense que el motivo del viaje que Ramiro Valdés hizo a Caracas era, en verdad, para ayudar a Hugo Chávez a encontrar la solución de la crisis energética que sufre ese país y no, como todos sospechamos desde el primer momento, para afinar las técnicas represivas contra la ya incontenible oposición.Seamos optimistas y celebremos ese cambio de oficio del afamado perseguidor cubano. Es más, veamos cómo esa experiencia podría extenderse a otros individuos. Imagínense que Manuel Enrique Lagarde, en lugar de pasarse el día entero cayéndole atrás a Yoani Sánchez, invierta ese tiempo en denunciar a los ministros corruptos y a todos los individuos que sujetan la rueda de la economía cubana para que no se mueva “ni un tantito así”. Cierren los ojos por un momento y vean a un Enrique Ubieta que por fin ha entendido la importancia de las redes sociales y, en lugar de hablar tantas sandeces de Twitter, se ha convertido en el principal promotor del derecho de todos los cubanos a tener un libre acceso a internet. Supongan a un Miguel Barnet que dejó de pasear por el mundo con sus perros de peluche y ahora defiende con devoción el derecho de todos sus compatriotas a viajar con libertad y a regresar a su patria cuando quieran. Leer más: El Fogonero
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